“La poesía es un pájaro
que se caga en las alambradas”
Sören Kierkegaard

No es fácil presentar la obra de un poeta. No hay una ley fundamental que rija la fórmula para hacerlo. Ello dependerá, en cierto modo, de la actitud y tendencia cultivada del expositor. En lo que a mí me concierne, debo decir, que, estéticamente hablando, la poesía de éste novel aeda caroreño, representa para la poesía venezolana, uno de sus más devotos servidores. Freddy Angulo se inspira en una sola mujer: la que tocó su sensibilidad de hombre y abrió su corazón para que de él floreciera la imaginación, poder que solo le es dado a los dioses como arrebato de la grandeza de la naturaleza. El autor de Epistolario de Mujer despierta el interés cuando advierte a su amada: “Exalto la ausencia/ en los polos de tus cabellos/ imploro cada fragmento de arena/ que has subyugado con tu pisada”. Si bien el influjo amoroso y pasional fluye atisbadamente en símbolos bien construidos, el poeta no logra la percepción de la musa, quizás por falta de acercamiento con los magnos rapsodas. Obviamente, la posibilidad de conseguir la perfección; descubrir el enigma extraordinario de la poesía, lo logrará con el paso del tiempo. No obstante, sería injusto no mencionarlo: temperamento poético le sobra, su expresividad en la imagen es aleccionadora, hay elegancia en el lenguaje, denota cierta disciplina, que de no abandonarla, más bien, asumirla como apostolado, seguramente, logrará la compresión cósmica de la función poética. Su afán por buscar el amor de esa agraciada hembra, lo aísla del mundo real, recogiéndose en sus vivencias mundanas: “Ven conmigo/ a regar las semillas intactiles/ de la mañana/ incineras la procreatividad/ con los adagios de tu andar/ enlútame en los simientes/ cúspides de los placeres”. Freddy Angulo, es muy joven aún, por eso anda en busca de experiencia. Ha empezado a oírse a sí mismo, para lograr su propia voz; ha empezado a deslastrarse de las voces que lo enriquecieron: Jesús Enrique León, su más ferviente maestro; Orlando Pichardo, Jesús Enrique Barrios, Pablo Neruda, maestro y mecenas de todos los lozanos vates que comienzan a dar sus primeros pasos por el espinoso camino de la poesía. Este es el segundo poemario que Freddy Angulo publica, y puede decirse sin equivoco alguno, que el poeta ha venido creciendo, pues, los diez y seis poemas que congregan o forman este Epistolario de Mujer demuestran el potencial humano y creativo de un hombre que no le teme a los obstáculos ni a la tragedia; todo lo contrario, percibe e intimidad sin afanes de grandeza el fervor del sueño más humano: conocer a profundidad el misterio hecho mujer, sin olvidar, claro está, como decía Jean Nouel, que “el arte es como la mujer, perfección incomprensible”, porque la mujer no solo es inspiración divina, “es además inventora de la perfección, aunque tenga alguna vez adorables defectos”.
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